El codiseño es un método que une la creatividad de personas con distintas funciones y especialidades para trabajar juntas en el diseño de un producto o servicio. Sirve para recoger ideas en una dinámica colectiva, incorporando la experiencia de actores que normalmente solo eran observados desde fuera.
A diferencia del diseño tradicional, donde el trabajo suele ser individual y las visiones personales no siempre se comparten, el codiseño plantea un objetivo común entre perfiles que antes participaban solo como agentes externos del proceso: el investigador, el ejecutivo de atención al cliente y, sobre todo, el usuario final. En una sesión de codiseño, esas personas pasan a ser expertas en su propia experiencia y aportan elementos de valor directo a la solución.
El codiseño sirve para recoger nuevas ideas en una dinámica colectiva, desde la experiencia de diversos actores del sistema que se está diseñando. Es un buen método cuando el equipo necesita salir de su propio punto de vista —el del diseñador o el del negocio— e incorporar la mirada de quien realmente usa el servicio, sin intermediarios que interpreten por él.
- Aceptar que todas las personas son creativas y participarán si están motivadas y se les ofrecen las herramientas adecuadas
- Cultivar la diversidad como hilo conductor: si todo el grupo comparte el mismo origen y perspectiva, los resultados serán previsibles y limitados
- Propiciar el diálogo, con un espacio común y un lenguaje compartido entre integrantes que normalmente no trabajan juntos
Además del facilitador y el relator, conviene designar a alguien que cuide el tiempo de forma explícita, avisando cuando queden cinco minutos para cerrar cada bloque, porque en la práctica las conversaciones ricas tienden a extenderse más de lo planificado y sin ese aviso el ejercicio pierde ritmo.
En nuestros talleres solemos convocar grupos de 3 a 6 personas por mesa, mezclando de forma intencional a quienes diseñan, a quienes ejecutan el servicio en el día a día y a usuarios finales. Un facilitador guía la dinámica y cuida los tiempos; un segundo rol, el de relator, sistematiza en post-its lo que se va generando para que nada se pierda cuando termine la sesión. Es clave que ningún perfil domine la conversación: el facilitador debe invitar activamente a hablar a quien tiene menos costumbre de participar en procesos de diseño.
Otra variante que usamos con frecuencia es dividir la sesión en dos momentos: uno de generación abierta de ideas y otro, separado por un breve descanso, dedicado solo a combinar y refinar las propuestas ya puestas en la mesa, evitando así que la crítica temprana frene la creatividad del primer momento.
El formato más simple parte con un desafío de diseño ya definido, escrito en una frase corta y visible para todo el grupo. A partir de ahí, cada integrante genera ideas en post-its de forma individual durante unos minutos, y luego el grupo las agrupa y las combina en la mesa. También funciona bien enlazar el codiseño con un desktop walkthrough, donde los mismos participantes actúan el recorrido de la solución que acaban de proponer, o cerrar con una ronda de priorización simple por votación con stickers.
Un riesgo habitual del codiseño es que la sesión se convierta en una lluvia de ideas desordenada, donde cada participante defiende su propia propuesta sin escuchar al resto. Para evitarlo, conviene fijar reglas simples desde el inicio: cada persona presenta su idea en menos de un minuto, nadie interrumpe mientras alguien habla, y las críticas se formulan como preguntas ("¿qué pasaría si...?") en lugar de juicios directos. En talleres con perfiles muy distintos —por ejemplo, un ejecutivo y un usuario final sin experiencia en procesos de diseño— ayuda además dar ejemplos concretos de lo que se espera antes de empezar, porque el lenguaje técnico del equipo de diseño puede intimidar a quien participa por primera vez.
- Papel y post-its de distintos colores
- Lápices o Sharpies
- Stickers para votar o marcar prioridades
Antes de la sesión hay que identificar el desafío de diseño y seleccionar con cuidado los perfiles que participarán, garantizando diversidad real en el grupo. Después, corresponde sistematizar los hallazgos y seleccionar las ideas que se van a prototipar.
El codiseño se confunde a veces con una simple lluvia de ideas, pero la diferencia está en quién participa y con qué objetivo. Un brainstorming tradicional suele reunir solo al equipo interno de diseño o de producto; el codiseño incorpora de manera deliberada a actores externos al proceso habitual —clientes, proveedores, personal de primera línea— porque su conocimiento tácito del problema no puede reemplazarse con la sola creatividad del equipo de diseño. Esa diferencia de composición es la que explica por qué el codiseño produce ideas que rara vez surgen en una sesión interna, aunque también exige más tiempo de coordinación previa para convocar a los perfiles correctos.
El codiseño no reemplaza a la investigación previa: si el equipo no cuenta con datos de observación en terreno o entrevistas en profundidad, corre el riesgo de diseñar sobre supuestos compartidos por el grupo, no sobre evidencia. Tampoco funciona bien con grupos muy grandes —más de seis personas por mesa dificulta que todos aporten— ni cuando los perfiles convocados no tienen tiempo real de involucrarse, porque el método exige presencia activa, no una consulta puntual. Y conviene recordar que "diseñar con" no significa que cada idea de cada participante deba implementarse tal cual: el equipo de diseño sigue siendo responsable de traducir esos aportes en una solución coherente.
Con los hallazgos sistematizados, el paso natural es construir un prototipo de las ideas seleccionadas y testearlo con los mismos perfiles que participaron en el codiseño, cerrando el ciclo de "diseñar con" en vez de "diseñar para". Si en tu organización recién estás armando este tipo de dinámicas, el kit de diseño lean trae plantillas listas para ordenar la sesión.
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